A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, enero 30, 2006

La muerte de Miss Self

Como cuando uno disfruta de su anhelo morboso más íntimo, si Miss Self hubiera advertido que el camarero la observaba, se habría marchado de la terraza de aquella cafetería. Pero no, inmersa en su angustiosa lectura, Miss Self velaría el portal de su propia casa durante toda la mañana.

Cualquier insignificante gesto advertiría al camarero, que permanecía de pie, inmóvil, contemplándola. En ausencia de otros clientes, ella monopolizaba su atención.

El té con hielo, era una absurda coartada para poder escenificar su hipotética muerte en el lugar en que la fatalidad sería aún más rotunda. Quería sentirse protagonista de un desenlace miserable y ajeno. Se trataría del ademán más angustioso del destino: fallecer en su propio portal.
Miss Self, representaba la antítesis social de su ficticio homólogo, Máximo estrella. Su vida se había cuajado entre la comodidad de una jovencita de clase media-alta norteamericana, el éxito académico y su pronta entrada en la glamorosa vida de escritores de renombre, pintores, actores y directores de cine.

Si embargo, sin saber muy bien por qué, allí se encontraba ella: mirando de reojo el adoquinado de su portal, dejando perecer los cubitos en su abandonado té, con un libro en sus manos y con un camarero, su camarero, esperando sólo para ella. En la radio de la cafetería sonaba Down On Me.

martes, enero 24, 2006

Las llamadas perdidas


Cada minuto que pasa, se me clava como un resto de fuselaje de algún barco naufragado. Todos duelen, pero espero encontrar esa llamada en el transcurrir de alguno de ellos. Esa insignificante señal de vida, esa comunicación corta, una simple llamada perdida. Las llamadas perdidas viven en la ambigüedad, o mejor dicho: me dejan ahogándome en ambigüedad. Pero me basta. Como un té frío en invierno, me vale con saber que, aunque no como yo quisiera, ella está ahí.
No llama, ni un poco de té anacrónico, ni una llamada perdida.