A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

miércoles, septiembre 26, 2007

Uno no vuelve a escribir para que los demás lo lean, lo hace para leerse. Es el hedonismo vulgar y más autocomplaciente que puede existir.

La vuelta al ruedo del subalterno, del poeta sin humo que vender, de la maruja sin vecinas, del perro viejo que intenta volver a correr...

Alguien insiste en que escriba. Ese alguien también sabe quién es Yuko.

EL DESAFÍO DE YUKO

Yuko fijó su mirada en la taza de té. Mientras la observaba, se preguntó si podría escribir un Haiku sobre ese instante. El jardín, la nieve, el té; seguro que lo escribiría esa misma tarde.