A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

martes, enero 20, 2009

Qualsevol nit pot sortir el sol

Después de un silencio prologado que podría justificar, para mi alivio y disculpa personal, como la vergüenza del que sabe que obró mal, o quizás mejor, la ausencia del que se aparta de todo para recapacitar y volver con renovada fuerza; aquí estoy. Aunque me cueste reconocerlo, probablemente, el objeto de este post es que haga de taparrabos (sí, ese que usaba el Tarzán que Jaume Sisa me recuerda a menudo), de cortina de humo que me permita no tener que leer el post anterior cada vez que me enfrento a mi blog...

Llevo mucho tiempo sin escribir y no pocas cosas me pasan. Muchas de ellas en mi cabeza; mejor dicho, la mayoría. En mi, a menudo en deshuso, intelecto, todo se mueve, todo se plantea como un camino que guía hacia ningún lugar común: puesto que todo lo razonable por definición, también es discutible. Nada es más dogmático, en mi mundo, que la certeza de que todo es incierto...

Uno se para, escoge un disco al azar (mentira poética y piadosa), lo coloca en el reproductor y escucha algo así:



Nunca me cansaré de escucharlo.

Que tengáis un feliz día.