A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, abril 06, 2009

de olores y gentes

Cuando las gaviotas comienzan su amenaza en vuelo y grito, la primavera despunta. Helsinki huele a flores recién regadas, y coge forma de ramas que abren sus yemas, de hierba que sabe a frío verde, de humedad, de sol, de mar que respira por fin.
Las mañanas comienzan antes de que abra los ojos y las noches ya no quieren ser tarde, noche y día; entendieron que así se les ve más bellas.
Las terrazas de la ciudad comienzan a estar de guardia, los camareros pasan los días atentos al sol, que, a veces, se instala para sacar con risueño estrépito a la gente. La estación de tren, donde todo pasa, en donde todo comienza, es más bella que el recuerdo que guardábamos: está guapa ella y está guapa su plaza. El reloj de la esquina con Kaisaniemenkatu se olvidó ya del dichoso menos que inexorablemente anteponía a su señal de temperatura; los tranvías parecen más ligeros, las calles se inundan de camionetas que retiran las piedrecitas que nos daban seguridad en el paso, cuando el suelo no fue sino hielo. Las aceras aparecen de golpe; antes había un blanco informe que dormía el pavimento.
Una mañana te despiertas y es primavera. Tu vida sigue pero huele distinto.


¿Conocéis a Monterroso?


Epitafio encontrado en el cementerio
Monte Parnaso de San Blas, S.B.


Escribió un drama: dijeron que se creía Shakespeare;

Escribió una novela: dijeron que se creía Proust;

Escribió un cuento: dijeron que se creía Chejov;

Escribió una carta: dijeron que se creía Lord Chesterfield;

Escribió un diario: dijeron que se creía Pavese;

Escribió una despedida: dijeron que se creía Cervantes;

Dejo de escribir: dijeron que se creía Rimbaud;

Escribió un epitafio: dijeron que se creía difunto.

FIN

Augusto Monterroso

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