A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

miércoles, octubre 21, 2009

Parte III

Laura estaba sentada mirando hacia algún lugar indefinible, quizás el papel amarillo de la pared, quizás la puerta, con gesto de angustia contenida. Nada más llegar le dijo que no podía quedarse mucho rato: tengo otra cita una hora más tarde, lo siento, no he podido hacer nada, tenía que ir… En cualquier caso podía ir con ella, no habría ningún problema, ya veríamos, pesó él... ella pidió una ensalada, él no tenía hambre, se había despertado tarde y su estómago no iba acompasado con el día. Los sábados son capaces de alterar lo que los cinco días anteriores se trabaja para mantener ordenado, pensó Ernesto. Accedió a ir con ella a su extraña cita...

El café Ítaca estaba prácticamente vacío, apenas una pareja tomaba café en silencio, justo al lado del ventanal que daba a la calle Gran de Sant Andreu, Laura se acercó a una mesa, daba la sensación de que dudaba de si el hombre que esperaba en la mesa fuera con el que ella tenía que encontrarse, él se incorporó, también con aire dubitativo, sonrió, extendió el brazo, ella respondió ceremoniosa, los dos sonrieron. Jorge, este es Ernesto, un amigo, espero que no te importe que haya venido con él.


Phoenix... If I ever feel better:


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