A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

martes, noviembre 24, 2009

CUESTIÓN DE FE

En una tarde de blanco abril, ya en brisas, cuando la luz deserta, en algún jardín del cielo (paraíso o infierno, según se mire) y de entre un grupo de respetables señores que conversaban alrededor de una jarra de té de canela en leche, alguien exclamó: ¡Un burro volando!

Unos segundos después, Newton, que era nuevo entre los convidados a la selecta mesa, frunció el ceño con aire contrariado. Entonces, con afán tranquilizador y discutible éxito, intervino Darwin: No te preocupes Isaac, que yo también he mirado…

Joaquín Sabina - No permita la Virgen:

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