A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

martes, diciembre 21, 2010

La cera y el tiempo

Hay días en los que siento que me disuelvo en un reflujo continuo. Es una sensación que me recuerda a la vida de las velas; las que están en un cuenco; esas cuya cera no se vierte, sino que se consume lentamente después de haber sufrido varias licuaciones y solidificaciones.
No me atrevo a decir que es desagradable. No lo es. Es como un largo viaje en tren durante el día. Uno espera llegar, sabe que llegará, y desde que salió comenzó a vivir lo que le pasará en su destino. Son días de transición, domingos de entre semana, viajes que me aíslan por un tiempo, que me derriten sin angustia porque no son más que un espacio de tiempo en el que mi interior no sale, se queda a descansar, dormido, encogido y acomodado en el concepto que tengo sobre mí mismo.
Son días para escuchar música del pasado e irse a dormir temprano, sin prisas, pero temprano.


jueves, diciembre 09, 2010

Tertulia de Navidad

Esta noche de jueves tenemos la tertulia literaria.

Esta vez es una tertulia-pikkujoulu sobre cantautores, y se celebrará en casa de Jaime Potenze.

Mis dos temas para esta noche son:
Una de dos (Luis Eduardo Aute)
El rock and roll de los idiotas (Joaquín Sabina)






domingo, octubre 31, 2010

De azules y sepias, y de amor a primera vista.

Lo encontré negro entre otros de tonos más claros. Era un ejemplar de tamaño medio, no había nada que lo hiciera destacar entre el resto de obras de la estantería del salón de casa de mis padres; nada, excepto su color. Carecía de ribetes, en él sólo resaltaban, aunque de forma tímida, el título y el autor: Las ninfas, Francisco Umbral. Y lo abrí con el impulso del que prueba un helado de un sabor desconocido hasta entonces, pero que se le antoja insinuante. Y busqué el prólogo. La cita del mismo me pareció maravillosamente pretenciosa: "Hay que ser sublime sin interrupción, Baudelaire".

Leí el prólogo y cerré el libro aterrado,
¿Era posible que fuera tan brillante? Luego volví a leer las dos primeras páginas del mismo: pensé en el blog, pensé en lo intraducible que es Umbral, pensé en la lengua española, pensé en mí, escribiendo, y pensé en la cita, que ya no era más que maravillosa, sin pretensión, sin vanaglorio.

Es libro se vino a
Helsinki sin volver a ser abierto; como el que cree que puede besar a la más bella pero prefiere soñar con el beso antes que asumir el riesgo de comprobar si es cierto. Y ahí ha estado hasta que me atreví a abrirlo de nuevo. Ahora, puedo decir que se puede admirar un libro sin haberlo leído, que se puede amar lo desconocido, y también ahora, puedo decir que el amor a primera vista no es siempre una confusión por desconocimiento, por falta de información, sino que, a veces, es la señal más íntima de que las cosas que te cautivan de forma simple, también pueden ser bellas una vez te sumerges en su complejidad.

Fragmento del prólogo de "Las ninfas" (Francisco Umbral):

"(LA habitación era cuadrada, o rectangular, u oblonga, o quizás fuese
oblongamente rectangular, oblongamente cuadrada, rectangularmente ovalada, elípticamente cuadrada, no sé, quién sabe. La habitación, quizás, era cada día de una forma. Cada tarde, cada noche, cuando la lluvia azul de sus paredes descendía como un lento desangramiento atardecido, como una humedad del tiempo más que del aire, como un llanto de las cenefas o una respiración de los espejos.
La habitación tenía una atmósfera azul, en todo caso, pero bien sabíamos que el revés de aquel azul era un sepia, un sepia quemado, un sepia de recuerdo, magnesio y olvido. Digamos que la voluntad de la habitación era azul, que la habitación tenía una voluntad de azul, o una voluntad azul, más
sencillamente, pero de vez en cuando quedaba traicionada por el sepia, le salían del fondo de los armarios y de los cajones, y de debajo de las mesas y de las alfombras, y por detrás de los espejos y de los cuadros y de las fotografías, unos rebordes sepia, unas cenefas, unos zócalos tristes...)"

viernes, octubre 01, 2010

Odas repentinas

Alguien me ha dicho, medio en broma, que a ver si me atrevía con una oda a Extremoduro.
Ahí va:

Oda a Extremoduro

De tardes muertas está hecho tu recuerdo,

de una virginidad despreciada,

de tu guitarra dura y extremeña,

del odio a lo que amas,

de versos de Machado.

Rocosa voz, heroína en vida.

No hay rock sin Extremoduro en España.

Himnos de los descreídos,

del que se arrastra en las urbes,

del que no mira adelante, detrás ya no hay nada.

Himnos de mis veintitantos,

corazón de la castilla más andaluza,

corazón de desprecio y dioses muertos.

Guitarra rocosa,

voz de resaca, tierra cansada:

No hay rock sin Extremoduro en España.

miércoles, septiembre 01, 2010

El corral de Fulgencio

Nadie sabía con exactitud lo que duraron las inundaciones.

Hubo quienes se vanagloriaron de saberlo. Defendían haberse mantenido despiertos observando el reloj. Pero cuando los sabios vinieron a determinar si decían la verdad, se encontraron con que los relojes estaban colgados en salas de estar sin ventanas. Se ajustició a los mentirosos como determinó el Sabio Mayor. Sin embargo, uno de los habitantes de la aldea se libró del castigo gracias a la duda razonable que dejaba el argumento que esgrimió ante el consejo de sabios del norte: su única gallina tenía ciento veintidós huevos acumulados bajo el vientre.

domingo, agosto 22, 2010

Escribir en domingo

Llevaba un par de semanas escribiendo mucho, pero ahora me siento plano. Tengo una idea de texto en la que estoy intentando escribir ahora mismo; tiene un buen comienzo pero que no soy capaz de darle profundidad. En cualquier caso, me siento bien. Es domingo. Estoy tomando café, escuchando a Silvio e intentando escribir delante de mi ordenador. ¿No es eso fantástico?

Un tema de esos de juventud:

viernes, agosto 20, 2010

Un temazo de Manel.

Una de les millors notícies de la música en català, Manel. Música viva, que et deixa amb ganes de viure. A mi em semblen boníssims. Què en penseu vosaltres?

En la que el Bernat se't troba. (Disc: “Els Millors Professors Europeus”, 2008)




jueves, agosto 19, 2010

HASTÍO

Seguro que vendrá un desierto de dudas.

Ese lugar temido

por los hombres de los púlpitos,

por los que planean campañas,

por los que ganan elecciones.

Seguro que, algún día, la pregunta sincera valdrá más que sus silencios.

Silencios:

El Poder no duda de su conciencia porque NO tiene que responder ante nada.

Que el destino de la verdad de hoy no es más que el ser revocada en el mañana.

Que las preguntas bien respondidas

no deben ser más que el germen de otras dudas.

Tengan la certeza de que la sombra del saber;

su patrón, su bienhechor y su padrino,

no es más que el preguntar.

Y el dudar de la réplica recibida.


El Escaramujo:

…yo vivo de preguntar, saber no puede ser lujo…

…si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo…

martes, agosto 17, 2010

FINAL DE TRAYECTO

Cuando me veo ahí, de pie, justo delante de Marta, me siento como una mierda. Una gran mentira de vida que ha tocado fondo. Es más, no sólo siento que he tocado fondo sino que me he quedado a dejarme morir en él. En un fangoso fondo entre despreciables insectos negros que se pasean por entre mis ropas entendiendo que ya formo parte de su hábitat. Ella me mira con bondad. En su mirada no intuyo más que eso: bondad. Y es precisamente esa cualidad lo que más odio de ella.

Un temazo de Guns and Roses:


lunes, agosto 09, 2010

Decisiones

Cuando era niño las decisiones realmente importantes las tomaba a "piedra, papeles, tijeras" o a "veintiocho y el huevo", y ahora le doy demasiadas vueltas a las cosas, intento razonarlo todo, y tengo que reconocer que a menudo me parece un coñazo haberme hecho mayor...

¿Recordáis esta canción?

Tormenta de verano en Helsinki

Foto del Helsingin Sanomat (http://www.hs.fi)

viernes, agosto 06, 2010

Hoy por la mañana, REM.

Ya no necesitamos el ventilador para dormir, y debo decir que la noche es mucho más agradable cuando nos refresca sola, sin ayudas mecánicas. El despertar es más perezoso, eso sí. Es más complicado entender que hay que salir del nórdico que nos ha protegido por horas, durante una veintena de sueños. Pero no hay más remedio, me levanto y lo primero que hago es poner la radio, Radio Helsinki concretamente. Y mientras casi a tientas cojo el cepillo de dientes del vaso que hay sobre el lavabo, suena esto:


jueves, agosto 05, 2010

el mar

Se echó a llorar el día en que la maestra le preguntó si había visto el mar.

Pero fueron apenas unos segundos porque Óscar cesó su llanto en cuanto la clase estalló en un estruendo de risas y voces, que Matilde intentó sofocar con gritos de "silencio" cargados de culpa. La maestra nunca se atrevió a preguntarle de nuevo por ese asunto.

El último día del curso Óscar dejó una cuartilla con un texto en el cajón de Matilde:

"Mi madre me despertaba cada mañana cuando aún no había luz clara. Esperábamos a mi padre en el porche de casa, desayunando con ese miedo atroz que siente el que duda de si volverá a abrazar a alguien. Cuando papá llegaba, íbamos corriendo a su encuentro hasta la puerta del jardín delantero, él siempre traía algo que había comprado en el puerto de Cruces, unos caramelos, unos pasteles de mantequilla, siempre había algo para mí. Después escaseó la pesca y mi padre se tuvo que dedicar a trabajar en las obras de la nueva línea de ferrocarril que comunicaría todos los pueblos de la región. Un día llamaron a casa, mi padre había muerto por el desprendimiento de un talud en las obras. Mamá decidió irse de Cruces, escapar de la costa, venirse al interior. Para mí, el mar es mi Padre."


miércoles, agosto 04, 2010

¿Recordáis "Sweet November"?



Ni siquiera sé si es una buena película. Quizás no lo sea, pero la recuerdo bellísima. Probablemente debería volver a verla, asegurarme de su encanto, analizar si es realmente buena. O probablemente no...

Si la imagen que guardo de la película me conmueve profundamente, ¿Por qué ahora debería arriesgarme a cambiar ese regusto a belleza que me quedó?

Sweet November - Noviembre Dulce




domingo, agosto 01, 2010

Verano

Al terminar el curso nos llenábamos de tiempo libre. Los días se nos ocupaban en estar juntos, daba igual lo que hiciéramos; verano quería decir estar siempre juntos. El verano de Barcelona llega por Decreto Ley, invade la ciudad y todo se vuelve un poco más lento... ahora, recordándolo, tengo la sensanción de que se nos nublaba la vista durante el mediodía y las noches hacían de catalizador vital. Uno no abría los ojos del todo hasta el atardecer, ese instante en el que el sol huía de su propio calor. Como el general que se niega a mirar hacia el campo de batalla una vez ha ganado la misma...


sábado, julio 31, 2010

Adolescencia

̶ Dime que quieres que me vaya y lo haré-. David tenía claro que le iba a decir que sí, que se fuera. Y se tuvo que ir.

Bajó la cuesta con aire decidido, sorteando los cantos rodados que habían levantado las obras del nuevo cinturón que se estaba construyendo delante de su casa. Si saber por qué, al llegar al césped, salteado con un toque cuadriculado e industrial de prunos bordes, hizo ademán de sentarse, pero no pudo porque el suelo estaba lleno de excrementos de perro. Él sabía que ella le miraba desde lo alto del talud. Pero también sabía que no le estaba mirando con pena; simplemente observaba con curiosidad al elemento desgarbado que acababa de echar de su lado...



viernes, junio 11, 2010

El silbidito

Si llego a viejo, creo que entenderé que cuando uno no sabe qué decir es un síntoma de cordura, de reflexión. Si llego a viejo espero cantar cada vez que no sepa qué decir. Espero cantar y sonreír.

El silbidito. Jorge Cafrune:


lunes, mayo 31, 2010

domingo, mayo 30, 2010

Acabo de leer en el diario "el mundo" que el 29 de mayo de 1970 Víctor Jara presentó 'Canto Libre' por primera vez en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Y yo, a puntito de irme a dormir, he decidido dejaros una canción de las suyas. Una de esas que mi padre ha tocado con la guitarra desde que yo era niño.

A DESALAMBRAR (Víctor Jara)


Yo pregunto a los presentes
Si no se han puesto a pensar
Que esta tierra es de nosotros
Y no del que tenga más

Yo pregunto si en la tierra
Nunca habrá pensado usted
Que si las manos son nuestras
Es nuestro lo que nos den

A desalambrar, a desalambrar
Que la tierra es nuestra
Es tuya y de aquél
De Pedro y María
De Juan y José

Si molesto con mi canto
A alguien que no quiera oír
Le aseguro que es un gringo
O un dueño de este país

A desalambrar, a desalambrar
Que la tierra es nuestra
Es tuya y de aquél
De Pedro y María
De Juan y José

A desalambrar, a desalambrar
Que la tierra es nuestra
Es tuya y de aquél
De Pedro y María
De Juan y José




viernes, mayo 28, 2010

Parábola del sinsentido

"Dicen que José Betancor fue capaz de olvidar su inseguridad más angustiosa el día que descubrió a su criado Antonio teniendo sexo anal con una de sus vacas. Bueno, superó su complejo y entendió que debía darle los fines de semana libres al servicio."

miércoles, mayo 26, 2010

Hoy es un miércoles de mayo. Uno cualquiera.

Como muchos ya sabréis y otros muchos supondréis, estoy seco. No escribo desde hace días, semanas. No escribo nada que no sean correos de trabajo o algún mensaje de texto. Es complicado no escribir cuando precisamente eso es lo que más quiero hacer. No escribo por una indefinible pereza mental que me impide ir más allá de lo tangible; de la conversación hecha letra, de la respuesta al impulso externo. No escribo y no sé el porqué. Se dice que el movimiento se demuestra andando y es tan cierto como que mientras escribo estas rácanas lineas me siento un poco menos seco. Sólo un poco, pero me hace sentir mucho mejor. Como cuando se riega una planta tierna y joven que por alguna razón olvidamos regar por días: la planta absorbe el agua con fruición y se yergue.

Mañana tenemos la tertulia literaria. Ésta tratará sobre el humor. Nosotros los contertulios lo trataremos (al humor) como mejor podamos. Es una suerte haber conocido a gente tan interesante y poder compartir estas citas mensuales. Estos fascículos de literatura y vida que me brindan en cada tertulia.

Os dejo un microrrelato de Monterroso.

La oveja negra.

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

Augusto Monterroso

viernes, abril 23, 2010

Barcelona (my must do list)


¿Qué haría en Barcelona si estuviera de visita después de (¡horror!) cinco años sin haber podido ir?

Ahí va mi lista:

1. Paza del Rey (Plaça del Rei‎)
Ir a la Plaza del Rey a tomarme una cañita.
Su ambiente, la tranquilidad que se respira aún siendo el centro de Barcelona. Es especial tomarse algo en la terracita, sobre todo si tenemos la suerte de que haya algún músico callejero tocando en ese momento.

2. Parque Güell (Parc güell)
Pasear por el Parque Güell una mañana.
Es un trozo de historia, un alegato a la belleza, a la autenticidad. Como lo fue Güell. Es tan Barcelona que Barcelona no sería lo mismo sin este rincón bello y diferente.

3. Paseo del Borne (
Passeig del Born)
Tomar un café o una cervecita a media tarde, y comenzar a preparar la noche paseando y comando cañas por el barrio de la Ribera.

4. MACBA
Ir al MACBA un domingo a media mañana y, después, comer en alguno de los restaurantes aledaños.

5. La Rambla
Bajar paseando una mañana (sin prisa y alrededor de las 10.00) la Rambla (yo siempre la llamé las Ramblas), desde Plaza Catalunya hasta Drassanes.
Los puestos de flores, los mimos, la gente. La Barcelona cliché y tradicional en un paseo imprescindible.

6. Parque de la Ciudadela un domingo por la tarde.
A partir del mediodía, el parque se llena de gente tocando música, bailando, vendiendo platos típicos de todas partes del mundo.

7. Màgic
Salir de copas y acabar aquí.
Amo este local. Es auténtico, es Rock'n'Roll. De lo poco que aún me emociona visitar en Barcelona. La música es un alegato al buen gusto y la gente es eso: gente màgic.

8. Barrio de Gracia
Ir al barrio de Gracia y perderme por sus calles tomando copas en sus pequeños bares.

Me acabo de dar cuenta de que soy muy poco original... :-)


lunes, abril 12, 2010

El bueno, el feo y el malo. Crónica de un cero a dos.

El viento soplaba suave y cómodo. Las calles aledañas al Bérnabeu desaguaban tensión a raudales hacia el extrarradio, o quizás más lejos, quizás la tensión no cabía en el territorio español. Era el día del clásico, el Madrid-Barcelona, el día en que Chamartín alberga millones de sueños redondos y con final feliz con copa y portadas, y goles, claro, y goles.

Los dos pistoleros más altos y guapos de la liga se citaron a las diez de la noche del sábado, para decidir un torneo, que, si bien no acababa ahí, iba a quedarse con un contendiente herido de bala, sangrando, y luchando a contracorriente para los siete duelos siguientes. Los salmones heridos rara vez llegan a frezar a la cabecera del río.

Uno, el más joven en el negocio de las grandes citas, estaba casado con la más bella (de hecho aún lo está y parece que se trata de amor eterno). Se sabía de su rapidez para desenfundar, de su capacidad para ridiculizar a base de pases al primer toque y voraz presión a cualquiera que se atreviera a pedir día y hora para un duelo. El otro, lleno de nombre y peso histórico, se compró esta temporada el mejor traje para ver si se casaba con la hermana de la esposa de su adversario, o mejor, le quitaba la mujer (logro que humedecería sus sueños cada ocaso). Llevaba tiempo de flor en flor, sin encontrar el juego que le dibuja en la historia del fútbol, y lo que quizás sea peor, con su vecino e íntimo enemigo paseando su juventud y belleza por los barrios del fútbol de todo el planeta: el vecino es el mejor, el más guapo y el más respetado.

Así comenzó el duelo, pistolas en mano y con más miedo que pases, sintiendo una inquietante incapacidad para ser ellos mismos. El Barcelona parecía un poco menos brillante y el Madrid, de la mano de una presión valiente y en ocasiones dura, se atrevía a discutir la posesión, que no a ganarla, y a robar balones en zonas de peligro; curiosamente, algo en lo que Guardiola trabaja con resultados escandalosos. Su Barcelona muerde los tobillos con tal voracidad que el equipo contrario siempre llega asfixiado a la zona en la debería comenzar pensar. Y no piensan: se hunden.

En el campo comenzaban los duelos individuales, los que, cuando dos equipos atesoran tanto nivel, marcan el futuro del marcador; quién se lleva más balazos y quién se va, después de la tragedia, a tomar una whisky y pagar una ronda a todos los presentes en la cantina. Pronto se comenzó a adivinar lo que ya se sabía de antes, como el mapa de la Europa comunitaria, lo conocemos pero a veces no lo recordamos bien: Piqué es un coloso, Milito está de vuelta y Puyol es el escudo del Fútbol Club Barcelona. Higuaín y Marcelo dispusieron de varias ocasiones para hacer daño en carrera y con los defensas del Barcelona reculando; pero no hicieron más que reforzar la moral de la tropa azulgrana, se debían sonreír los defensas al sentirse tan superiores a sus esforzados adversarios blancos. Pero lo peor, y me atrevo a decir que es lo que determinó el final trágico de la moral madridista (cosida a balazos por el rival más encantador que nunca han tenido) fue el gesto autoritario de Piqué a las envestidas de Cristiano Ronaldo. Critiano era un niño descarado que se encontró con su padre mientras hacía novillos, resultado, cara larga y a acatar que el que manda es él. O sea, Gerard Piqué.

Delito por irresponsabilidad imperdonable sería no hablar de Xavi. Si alguien tenía alguna duda de que es el mejor centrocampista del mundo, que se dedique al encaje de bolillos, actividad tan compleja como artesanal, que me atrevería a asegurar que es más sencilla que ser aficionado al fútbol y llevar tus engranajes mentales a un estado de miopía crítica tan severa.

Xavi fue el dueño. Eso define el clásico: la propiedad. Que es barcelonista y que, en Xavi Hernández, tiene al que firma las escrituras y se asegura de que el chalecito en la playa es suyo.

Aunque lo parezca en esta crónica, no es anécdota el fabuloso desmarque, control orientado y gol de Messi, ni tampoco lo es la carrera y perfecta definición de Pedrito. No son una anécdota los tres puntos más la diferencia de goles conseguida por el Barcelona, gracias al cero a dos que le endosó en el Bérnabeu el pasado sábado al Madrid. Dos balazos en el pecho que dejaron una víctima que quería parecerse a su contrincante quitándole a su esposa, y se encontró con que esto del fútbol todavía entiende de justicias y de amor. El que juega bien y es mejor gana. El Fútbol Club Barcelona dispara más rápido y mejor, y su bella esposa, la Liga española, sabe que su matrimonio es largo y duradero.

viernes, abril 09, 2010

Por mis amigos colchoneros

Mira si soy colchonero que paso por Concha Espina como pasa un forastero... gran pasaje de un gran himno, escrito por el más grande para un club que es un grande. Más grande de lo que yo declaro, con sorna y mala leche, en ocasiones, más de lo que los más jóvenes han podido ver en los últimos tiempos... mucho más que eso.
Es el Atleti. Es equipo grande, de esos de de palmarés y gestas, de esos que son enemigos íntimos de mi querido Real Madrid. De esos con una masa social tan especial como numerosa. Un equipo fundado por estudiantes Vizcaínos de Ingeniería de Minas, un equipo con más de cien años de fútbol, nueve ligas y nueve Copas del Rey. Un equipo que me huele a república moderna y que tiene como seguidor confeso y presidente de honor a Felipe de Borbón.
Enhorabuena a todos por estar en semifinales.

domingo, marzo 28, 2010

Intro de un nuevo relato...

El termómetro del alféizar marca dieciocho bajo cero. La noche insiste en manchar las ventanas de la calle meerinkuja. Es diciembre pero aún no es Navidad. Me incorporo dolorido; es algo a lo que ya estoy acostumbrado, como también lo estoy al dolor de cabeza y a la acidez de estómago que me castigan continuamente. La casa está fresca porque ayer acerté a abrir la ventana justo antes de quedarme dormido. El olor a podrido que me arroja el armario al abrirlo me acaba de recordar el día en que entendí que todo había cambiado para mal. De hecho, les diré que probablemente debería haberme dado cuenta antes, pero el caso es que no lo hice, y el caso es que aquella noche, con las velas quemando el asqueroso aire de mi casa, me di cuenta de que mi vida era una mierda. Les contaré lo que pasó ese día de noviembre, normal y lluvioso de Espoo.


Un temazo: Just a perfect day de Lou Red.



sábado, febrero 06, 2010

Mira que eres canalla

No soplan buenos vientos para la producción musical en España. La edición de nuevos elepés es un negocio a la baja, lo que provoca un gran recelo por parte de los sellos para dar la alternativa a jóvenes artistas. Sólo algunos privilegiados gozan de índices de ventas los suficientemente dignos como para, de momento, estar a salvo de este aparente fin de ciclo. En 2009 únicamente tres artistas han podido vender más de cien mil copias. Sólo tres. Paupérrimo.

Me duele leer el ruido de sables que se alza en los foros de internet cada vez que alguien propone hablar sobre el asunto o, por ahí hay una pista de por dónde viene la culpa del mártir, la SGAE comete alguno de sus ridículos atropellos al sentido común.

El hilo argumental de ambas partes es lícito. No hay duda. Parece que, como en muchas otras ocasiones en la vida, el punto intermedio es el lugar en donde se debería asentar el sentido común para resolver semejante dislate. La salomónica ciencia de ponerse en el lugar del enfrentado es un saludable ejercicio de empatía crítica que puede llevar a esta contienda, llena de disparates y salidas de tono, a un punto común que resuelva, por el momento, el hundimiento del mercado musical. Pero esto, en cualquier caso, no debe frenar el trabajo de los cerebros pensantes del mercado musical. El renovarse o morir, es un lema facilón al que deberán atender con sumo celo y respeto después de este ridículo chapuzón de fracaso y polémica que está suponiendo la lucha fraticida que ha planteado la sociedad general de autores en contra de la piratería.

Yo compro discos. Muchos: siempre lo he hecho. Pero esto no es una declaración ejemplarizante puesto que también he descargado música. Mucha también. Muchísima. Respeto cualquier tipo de música y admiro a muchos artistas. Sigo siendo un poco grupi y mis padres lo saben:
Hace unos meses estuvieron en un concierto de Luis Eduardo Aute. Un grande. Y resultó que, casualidades de la vida, mis tíos Carlos y Rosa Mari, iban con una amiga suya que también era amiga de Aute. Después del concierto le visitaron en el camerino y parece que fue una experiencia bonita. Mi padre, poco dado al teatro emocional, me dijo que se quedó encantado, que fue toda una experiencia, que Aute fue muy amable con ellos. Me lo dijo adornando una sonrisa que denotaba satisfacción. Mi madre, entre tando, se encargó de explicarme que ella le había dicho a Aute que su hijo era un gran seguidor suyo. Sacó un papelillo de una libreta de bolsillo que llevaba y le pidió un autógrafo. Joder qué detalle. De mi madre, claro.

















Aute ha compuesto temas tan buenos como éste:
Mira que eres canalla

domingo, enero 24, 2010

Saldando deudas

El termómetro de la ventana de mi cocina marca veinte grados bajo cero. Este domingo ha sido plácido y provechoso. Espoo brilla en enero.

Llevo mucho tiempo sin escribir nada. Además, dejé un relato a medio terminar aún sabiendo que había gente que lo estaba leyendo. Pecado de inconstancia e incluso falta de respeto. Aquel relato está terminado o, mejor dicho, está mostrable. Os lo dejo y os vuelvo a pedir disculpas...


LA MÁQUINA DE MÚSICA

El otoño tiró los libros de las estanterías. Cayeron ya maduros, casi podridos, podridos de angustia, de asqueroso olvido, infectados de polvo y aburridos por su eterna inmovilidad. Ernesto los había dejado oscurecer en un abandono grosero, llenaban todos los rincones del estudio, son libros, nada más, pensó, Quizás tenga que deshacerme de ellos… el papel de los libros es para él es como el de su concurrida colección de amantes, que han ido dejando más o menos rastro en función de pequeños, o grandes a la postre, detalles. Todo son detalles en la vida de Ernesto: algunas canciones, ratos de silencio, orgasmos, mensajes repetidos por mil veces, cafés en compañía, libros que acumula sin sentido e incluso algunas cosas que cree que olvidó. Todo, incluso lo que almacena en su propio piso, pierde importancia con el tiempo. Como la pierden los detalles de su vida en ojos ajenos, ojos como los de sus padres, que le acusan de no llegar a todo lo que él seguro que nunca será.

Al incorporarse cayó algún descolorido ejemplar sobre la cama. Otros fueron a parar al suelo. Le apetecía tomar un café; es curioso, pensó, el café es mucho más que beberlo, es pedirlo, o prepararlo, es tenerlo delante, observarlo. De hecho, el acto de beberlo le parecía secundario. Sus libros seguían ahí, amontonados, doliéndose de la caída y con pinta de no pretender seguir como hasta ahora. Una vez con el café en su taza, se sentó en el sofá, que estaba tapado, sucio había dicho su madre, lleno de cosas; antes tuvo que apartar revistas, madejas de lana, un jersey a medio tejer y el ordenador portátil; y todo, sin ningún orden lógico, fue acumulado en una montonera en el parquet del estudio. Sonó el teléfono. Era Laura: Llegaré diez minutos tarde, lo siento. Entonces recordó su cita con ella. Tenía poco tiempo para ducharse, vestirse e ir al café Ítaca, en donde habían quedado: ella nunca llegaba tarde. En la calle llovía, se preguntó si había llovido toda la noche. Desde luego, no acababa de comenzar.

Las aceras mojadas le forzaban a planear cada paso; brillaba el agua en ellas, respondiendo al sol que les caía con color de primavera. La gente caminaba más despacio que de costumbre, tal vez fuera domingo. Era extraño salir de casa y sentirse mejor que en ella. El forzado orden de la ciudad le daba un aire de confortabilidad que su pequeño piso le negaba; los edificios siempre estaban donde debían estar, las calles aparecían limpias por las mañanas, los jardines regados. Pensó que quizás ese día comenzaba a entender la ciudad que le alojaba, tal vez se estuviera empezando a comprender a sí mismo... Barcelona le abría los pulmones. Nada que ver con lo que sucedía en el pueblo, en donde todo giraba alrededor de lo que se suponía que debía ser, y eso él no lo soportaba. Le asfixiaba que le conociera todo el mundo y que, además, toda esa gente lo supiera todo de él, incluso lo que él aún no sabía de sí mismo. Le dolía vivir en un lugar sin espacio para ser nadie que no estuviera programado de antemano.

Laura estaba sentada mirando hacia algún lugar indefinible, quizás el papel amarillento de la pared, quizás la puerta. Al llegar Ernesto le dijo que no podía quedarse mucho rato: Tengo otra cita dentro de una hora, lo siento, no he podido hacer nada, tenía que ir. En cualquier caso podía ir con ella, no habría ningún problema, Ya veríamos, pesó él... ella pidió una ensalada, él no tenía hambre, se había despertado tarde y su estómago no iba con el paso normal del día. Los sábados son capaces de alterar lo que los cinco días anteriores se trabaja para mantener ordenado. Accedió a ir con ella a su cita...

El bar estaba prácticamente vacío. Apenas una pareja tomaba el vermut en silencio justo al lado del ventanal que daba a la calle Gran de Sant Andreu. Laura se acercó a una mesa. Daba la sensación de que dudaba de si el hombre que esperaba en la mesa fuera con el que ella tenía que encontrarse, él se incorporó, también con aire dubitativo, sonrió, extendió el brazo, ella respondió ceremoniosa, los dos sonrieron. Jorge, este es Ernesto, un amigo, espero que no te importe que haya venido con él.

La conversación cedía tediosa e informe, Ernesto no sabía de qué hablaban y a ellos no parecía importarles que él no entendiera nada. Se sentía relativamente cómodo en su papel de testigo aburrido y ausente. Laura, entretanto, giraba su cabeza con insistencia hacia una máquina de música que ocupaba el rincón más oscuro del bar. La máquina era una mentira de gramófono con una pequeña pantalla digital en la parte superior. En ella se podían escoger temas de los años ochenta y noventa a cambio de una moneda de un euro; estaba al lado de la puerta. Ernesto se levantó y, sin ni siquiera hacer el gesto de mirar hacia sus compañeros de mesa, se acercó a la barra y pidió tres whiskys. Mientras el camarero se entretenía preparando los tragos, Laura se levantó para escoger una canción del la curiosa máquina. Cuando la máquina comenzó a sonar, Ernesto la miró con aire extrañado, no imaginaba que a ella le gustara ese tipo de música. Jorge amaneró su gesto como dando a entender que dudaba de si aceptar los tragos o no, pero le duró apenas unos segundos: sonrió y levantó el vaso para brindar... El camarero, que les había estado observando durante el ritual, les ofreció otra ronda a condición de que pusieran canción que le gustaba mucho cuando era joven. Laura dijo que sí, que de acuerdo, soltó una carcajada, cogió a Jorge de la mano y lo sacó a bailar mientras que Ernesto seleccionaba la primera de la lista de canciones del grupo que el camarero había solicitado; una vez escogida la canción, se sentó: observaba la escena con una absurda sonrisa de suficiencia que intentaba disimular su desconcierto. No sabía si sentirse fuera de lugar o en el lugar adecuado. Sus dudas acerca de su papel en la escena aumentaban a medida que el hielo se hacía whisky en su copa... Le pesaba el no saber qué hacer, cómo actuar, y, especialmente, el no saber qué era que lo que pensaba Laura. Eran ya casi las nueve y el camarero anunció el cierre del bar rompiendo la enésima canción, en la que Jorge y Laura se rozaban erguidos y sonrientes, con un duro y ruidoso ajetreo de sillas y mesas que iba acumulando alrededor de la máquina de música. Ernesto aún no había decidido si estaba de más o era parte de todo, así que para controlar su desconcierto decidió invitarles a su casa: pensaba que sería mejor que acabaran la noche en un lugar familiar para él. Además, tenía una botella de Whisky a medio empezar....

Horas más tarde, el vinilo vagaba, ya sin pista que seguir, dibujando un ritmo acompasado con los quejidos de la cama de Ernesto. Los tres, despojados de su piel, reinventaban el amor de libro y altar con el que les habían enseñado a creer; les parecía entonces, que de eso hacía ya algunos siglos… las gotas de sudor, que empapaban el catre, habrían conformado el té que Ernesto tomó, cuando, horas atrás, vio a Laura en el café Ítaca.

La habitación respira whisky y café húmedo y viejo de anoche, la luz comienza a entrar tímida y joven, Ernesto les mira sentado desde la incomodez de la silla del ordenador, y mientras tanto escribe, y realmente no sabe si eso le aliviará; recuerda a Cortázar, le leyó en un relato que los condenados a muerte escriben mucha correspondencia antes de su ejecución. Escribir puede que les ayude a no pensar, a no martirizarse, quizás él está experimentando algo parecido. No sabe, no sabe nada, tampoco sabe si debe darle muchas vueltas, en realidad no sabe si ni siquiera le importa. Ellos, entretanto, duermen. La cama está revuelta, los libros tapan el suelo alrededor de ellos, más difíciles, más desordenados de como los dejó ayer a media mañana. Huele a sexo. Por la ventana se intuyen luces y el agua desfigura lo poco que se puede entender que sucede afuera. Parece que ha amanecido. Ernesto no sabe si ha llovido toda la noche, pero desde luego no acaba de comenzar…