A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

domingo, marzo 28, 2010

Intro de un nuevo relato...

El termómetro del alféizar marca dieciocho bajo cero. La noche insiste en manchar las ventanas de la calle meerinkuja. Es diciembre pero aún no es Navidad. Me incorporo dolorido; es algo a lo que ya estoy acostumbrado, como también lo estoy al dolor de cabeza y a la acidez de estómago que me castigan continuamente. La casa está fresca porque ayer acerté a abrir la ventana justo antes de quedarme dormido. El olor a podrido que me arroja el armario al abrirlo me acaba de recordar el día en que entendí que todo había cambiado para mal. De hecho, les diré que probablemente debería haberme dado cuenta antes, pero el caso es que no lo hice, y el caso es que aquella noche, con las velas quemando el asqueroso aire de mi casa, me di cuenta de que mi vida era una mierda. Les contaré lo que pasó ese día de noviembre, normal y lluvioso de Espoo.


Un temazo: Just a perfect day de Lou Red.