A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

sábado, julio 31, 2010

Adolescencia

̶ Dime que quieres que me vaya y lo haré-. David tenía claro que le iba a decir que sí, que se fuera. Y se tuvo que ir.

Bajó la cuesta con aire decidido, sorteando los cantos rodados que habían levantado las obras del nuevo cinturón que se estaba construyendo delante de su casa. Si saber por qué, al llegar al césped, salteado con un toque cuadriculado e industrial de prunos bordes, hizo ademán de sentarse, pero no pudo porque el suelo estaba lleno de excrementos de perro. Él sabía que ella le miraba desde lo alto del talud. Pero también sabía que no le estaba mirando con pena; simplemente observaba con curiosidad al elemento desgarbado que acababa de echar de su lado...