A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

miércoles, septiembre 01, 2010

El corral de Fulgencio

Nadie sabía con exactitud lo que duraron las inundaciones.

Hubo quienes se vanagloriaron de saberlo. Defendían haberse mantenido despiertos observando el reloj. Pero cuando los sabios vinieron a determinar si decían la verdad, se encontraron con que los relojes estaban colgados en salas de estar sin ventanas. Se ajustició a los mentirosos como determinó el Sabio Mayor. Sin embargo, uno de los habitantes de la aldea se libró del castigo gracias a la duda razonable que dejaba el argumento que esgrimió ante el consejo de sabios del norte: su única gallina tenía ciento veintidós huevos acumulados bajo el vientre.