A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

martes, noviembre 29, 2011

Cosas que vienen. Trabajando en un poemario.

La lluvia tiene tu rostro.

Roza el cristal con un perfil bello y mentiroso,

un vómito negro como el pozo de tus ojos,

como el dejo de tus besos.

Ese mismo tono que el del café que tomábamos…

justo ayer.

lunes, septiembre 12, 2011

La importancia de perder en casa

El resto del día, Julio, anduvo sin rumbo ni intención por el barrio de Eira. Le habían vuelto a contestar con ese vómito insustancial de excusas que al final siempre quería decir lo mismo: no había trabajo para él. Paseaba y pensaba que quería hablar con alguien y contarle lo que sentía. Ya no le valía con explicárselo a Elina, y, de hecho, Elina tampoco le escuchaba como él quería que le escucharan; no podía hablar con nadie que le prestara atención como él necesitaba, nadie que le dijera: "¿Y no quieres otro cafecito?" Y siguiera escuchando.

Después de pasar horas recorriendo Eira, se dio cuenta de que lo que le faltaba allí era lo que nunca iba a tener. Entonces decidió mandarlo todo a la mierda y volverse a Bogotá, en donde al menos tendría a quien contar sus fracasos; que serían los mismos, pero menos amargos.

jueves, septiembre 08, 2011

"loquesea"

Un texto muy corto que escribí hace mucho tiempo. Tanto, que ya casi no me reconozco como autor; tanto, que ya no es mío:

“Los días se suceden como vagones oxidados de un interminable mercancías. El pequeño Víctor está sentado en una roca a la orilla de la vía, y observa, triste e hipnotizado, el ocre espectáculo de ruido y monotonía. Alrededor todo es claro y vibrante, pero el camino de la mugrienta culebra está nublado; al lado, a unos pocos metros, armonioso canto de verderones... es otoño en Helsinki.”



lunes, junio 13, 2011

SPANISH HARTAZGO (Artículo escrito para el boletín del club español de Finlandia)

La primera acepción que hayamos para hartazgo en el diccionario de la Real Academia Española es: “Acción y efecto de hartar”. Luego, si buscamos hartar, en la cuarta acepción, encontraremos: “Dar, suministrar a alguien con demasiada abundancia”, seguido de un esclarecedor: “Hartarlo de palos, de desvergüenzas”. Ahí hay que reconocer que el diccionario (ergo: sus señorías escribanas) da en el clavo. Hartazgo de palos y desvergüenzas. Si es que, oiga usted, había que ser español para poner ese ejemplo. Sin soltar el diccionario me lanzo a buscar la definición de “democracia”. Y me encuentro con un amplio (por ambiguo): “Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”; y con un segundo: “Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”. ¡Ostras! Ahora lo entiendo todo. Nuestros políticos (muy letrados ellos) se han tomado al pie de la letra la primera acepción y han decidido declararse favorables (gracias, gracias, gracias) a que el pueblo intervenga. Pero eso sí, una vez haya votado, que no moleste mucho en las importantísimas labores de Estado. La segunda, imagino, la deben haber entendido como, que bueno… eso del predominio del pueblo debe ser poco compatible con sus privilegios personales; así que ellos nos dan los nombres, nosotros votamos, y luego les dejamos hacer de su capa un sayo.

En la Europa actual si un individuo o un grupo de personas se siente agraviado, tiene (o debería tener) organismos a los que acudir para resolver su problema. Sin embargo, en España ese grupo de ciudadanos ya no es tan reducido: está formado por parte de los más de cuatro millones de parados; por muchísimos de los graduados universitarios con sueldos vergonzantes; y por muchos miles de desencantados con los partidos políticos. Por lo tanto, me parece observar que el problema ya no es local, ni reducido, ni afecta a un grupo social concreto, ni lo pueden solucionar los actuales mecanismos que el Estado pone a nuestra disposición. El problema es de base, de concepto, es tremendamente amplio. Y entonces, el sistema es el que quizás tenga que ser objeto de discusión.

El día quince de mayo un grupo de personas decidieron acampar en la Puerta del Sol de Madrid en señal de protesta por la situación política y económica española. Una protesta sin programa (en su origen; ahora sí que hay programa), un movimiento sin partido que lo sustentara, una gota que resbaló por el cuerpo de un vaso demasiado lleno (demasiado harto). Se trataba del germen de una protesta ciudadana espontánea que ha llegado hasta ahora, principios de junio, y ha ido consolidándose como un movimiento pacífico, asambleario y, lo que lo convierte en algo muy especial: transversal. De hecho, el manifiesto de su web oficial contiene en el encabezamiento el siguiente texto: “Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.” El movimiento, más allá de interpretaciones partidistas de algunas plumas de nuestro país y de algún debate de barra de bar, intenta cambiar lo que funciona descaradamente mal del sistema democrático. No está en contra de la democracia, está por una nueva democracia. Éste tuvo reproducciones (cual terremoto democrático) en más de cincuenta ciudades españolas y un sinfín de ciudades de todo el mundo. Incluido nuestro querido Helsinki.

Cabe destacar que la oleada de indignación y protestas que vive España, y que tiene como núcleo la Puerta del Sol de Madrid, ha encontrado un fuerte y entusiasta a poyo por parte de personalidades de la cultura como José Luis Sampedro, Manuel Castells, Edurardo Galeano, Jean Plantureux, José María García, Eduard Punset, etc. Éstos han celebrado el golpe sobre la mesa que muchos ciudadanos han dado para abandonar el conformismo y pedir su participación activa en la búsqueda de la solución a los problemas. Veremos qué sucede.

domingo, abril 24, 2011

Alegato a las bandas sonoras; y a la música en general, como agente embellecedor de lo ordinario

La estancia era un alegato a lo impersonal; pero no lo era por su blancura, que no era blanca; ni por su limpieza, que tampoco estaba tan limpia; era más bien como una oficina desastrada y vacía; como una sala de exposiciones con réplicas de las obras de un pintor intrascendente... y aún y así, sentí regocijo, el corazón se me hichó en el pecho, los ojos se me humedecieron. Mis pies (los mismos que en ese momento pisaban el vulgar suelo del salón) parecían estar atados a lo que sonaba en el hilo musical. Era el tema principal de la banda sonora de "Memorias de África" (Out of Africa)...



No soy cinéfilo: no entiendo de cine y he visto mucho menos cine del que me gustaría. Pero últimamente escucho "la claqueta" los sábados por la mañana en Radio Marca y estos señores han conseguido lo que más admiro de los buenos programas de radio: despertar mi interés por temas que desconozco o que, por lo menos, no conozco en profundidad.

Hace un par de sábados hablaron de John Barry y de su monumental obra. De sus cinco Óscars y de sus siete nominaciones. Hablaban de sus bandas sonoras para la saga de James Bond, para Memorias de África, para Nacida libre, para Bailando con lobos... un sinfín de canciones que hacen de su vida un monumento a la música y al cine.

Born free:


Goldfinger (james Bond):

viernes, abril 15, 2011

...

Un hombre extremadamente discreto entró en el café. Había cerrado la puerta con un sigilo inusual y se disponía a tomar asiento en una de las mesas de madera que vestían la esquina interior del local. Dejó la chaqueta en el perchero y, sin ni siquiera levantar la cabeza hacia el resto de la clientela, cogió el respaldo de la silla para sentarse en ella...

Yo, que observaba la escena con atención, sonreí, sin dejar de mirar al nuevo cliente, cuando el camarero me trajo la taza de té con la cuenta encajada entre el plato y su bandeja. Una canción que desconocía comenzó a sonar en el café.

No sabía de qué canción se trataba pero su melodía me llenó de placer; aún no había probado el té pero su cálido aroma perfumaba mis minutos; del sigiloso señor no supe nada (y no habría de saber nada) pero captó mi interés como el más impactante de los paisajes.

Recuerdo que afuera llovía a cantaros.

lunes, abril 04, 2011

DESCONCIERTO

La música emitida por el aparato de radio envolvía la sala. Eso le ayudó a entender que había algo en el piso que olía diferente, como a hechos pasados: consumados. Sentía el aroma de una soledad macerada por el tiempo; como la música que vomitaba la radio, que desprendía una cadencia dormidora, de una belleza rancia, como la de una lámpara de araña polvorienta. Pero era extraño, él no estaba solo. Él vivía con Ana.

En la mesa del ordenador encontró un papel con un nombre escrito por Ana: Sonia. Eso le alarmó, ¿De qué Sonia se trataba? ¿Ana conocía a Sonia?