A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

jueves, enero 20, 2011

Cuestas resbaladizas

Cuando el fondo del vaso comenzó a romper el oscuro limbo del café, levanté la cabeza, y la nieve, con su brillo de febrero, me obligó a entrecerrar los ojos. Era la parada en la que me debía bajar; bajé del autobús. Unos metros de pasos cortos y medidos, y estaría en casa de Antti. En la cuesta, de la que resbalaba hasta su blancura, vi un bulto informe acostado en el suelo. Dijo: "Menään sairalaan".

En el hospital el doctor me dijo que Antti estaba bien, que era una simple intoxicación etílica. Entonces supe que se trataba otra historia que termina sin haber sido ni siquiera merecedora de permanecer en mi recuerdo; por eso la escribo, para desprenderme de ella.