A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

domingo, abril 24, 2011

Alegato a las bandas sonoras; y a la música en general, como agente embellecedor de lo ordinario

La estancia era un alegato a lo impersonal; pero no lo era por su blancura, que no era blanca; ni por su limpieza, que tampoco estaba tan limpia; era más bien como una oficina desastrada y vacía; como una sala de exposiciones con réplicas de las obras de un pintor intrascendente... y aún y así, sentí regocijo, el corazón se me hichó en el pecho, los ojos se me humedecieron. Mis pies (los mismos que en ese momento pisaban el vulgar suelo del salón) parecían estar atados a lo que sonaba en el hilo musical. Era el tema principal de la banda sonora de "Memorias de África" (Out of Africa)...



No soy cinéfilo: no entiendo de cine y he visto mucho menos cine del que me gustaría. Pero últimamente escucho "la claqueta" los sábados por la mañana en Radio Marca y estos señores han conseguido lo que más admiro de los buenos programas de radio: despertar mi interés por temas que desconozco o que, por lo menos, no conozco en profundidad.

Hace un par de sábados hablaron de John Barry y de su monumental obra. De sus cinco Óscars y de sus siete nominaciones. Hablaban de sus bandas sonoras para la saga de James Bond, para Memorias de África, para Nacida libre, para Bailando con lobos... un sinfín de canciones que hacen de su vida un monumento a la música y al cine.

Born free:


Goldfinger (james Bond):

viernes, abril 15, 2011

...

Un hombre extremadamente discreto entró en el café. Había cerrado la puerta con un sigilo inusual y se disponía a tomar asiento en una de las mesas de madera que vestían la esquina interior del local. Dejó la chaqueta en el perchero y, sin ni siquiera levantar la cabeza hacia el resto de la clientela, cogió el respaldo de la silla para sentarse en ella...

Yo, que observaba la escena con atención, sonreí, sin dejar de mirar al nuevo cliente, cuando el camarero me trajo la taza de té con la cuenta encajada entre el plato y su bandeja. Una canción que desconocía comenzó a sonar en el café.

No sabía de qué canción se trataba pero su melodía me llenó de placer; aún no había probado el té pero su cálido aroma perfumaba mis minutos; del sigiloso señor no supe nada (y no habría de saber nada) pero captó mi interés como el más impactante de los paisajes.

Recuerdo que afuera llovía a cantaros.

lunes, abril 04, 2011

DESCONCIERTO

La música emitida por el aparato de radio envolvía la sala. Eso le ayudó a entender que había algo en el piso que olía diferente, como a hechos pasados: consumados. Sentía el aroma de una soledad macerada por el tiempo; como la música que vomitaba la radio, que desprendía una cadencia dormidora, de una belleza rancia, como la de una lámpara de araña polvorienta. Pero era extraño, él no estaba solo. Él vivía con Ana.

En la mesa del ordenador encontró un papel con un nombre escrito por Ana: Sonia. Eso le alarmó, ¿De qué Sonia se trataba? ¿Ana conocía a Sonia?