A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, abril 04, 2011

DESCONCIERTO

La música emitida por el aparato de radio envolvía la sala. Eso le ayudó a entender que había algo en el piso que olía diferente, como a hechos pasados: consumados. Sentía el aroma de una soledad macerada por el tiempo; como la música que vomitaba la radio, que desprendía una cadencia dormidora, de una belleza rancia, como la de una lámpara de araña polvorienta. Pero era extraño, él no estaba solo. Él vivía con Ana.

En la mesa del ordenador encontró un papel con un nombre escrito por Ana: Sonia. Eso le alarmó, ¿De qué Sonia se trataba? ¿Ana conocía a Sonia?

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