A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, septiembre 12, 2011

La importancia de perder en casa

El resto del día, Julio, anduvo sin rumbo ni intención por el barrio de Eira. Le habían vuelto a contestar con ese vómito insustancial de excusas que al final siempre quería decir lo mismo: no había trabajo para él. Paseaba y pensaba que quería hablar con alguien y contarle lo que sentía. Ya no le valía con explicárselo a Elina, y, de hecho, Elina tampoco le escuchaba como él quería que le escucharan; no podía hablar con nadie que le prestara atención como él necesitaba, nadie que le dijera: "¿Y no quieres otro cafecito?" Y siguiera escuchando.

Después de pasar horas recorriendo Eira, se dio cuenta de que lo que le faltaba allí era lo que nunca iba a tener. Entonces decidió mandarlo todo a la mierda y volverse a Bogotá, en donde al menos tendría a quien contar sus fracasos; que serían los mismos, pero menos amargos.

jueves, septiembre 08, 2011

"loquesea"

Un texto muy corto que escribí hace mucho tiempo. Tanto, que ya casi no me reconozco como autor; tanto, que ya no es mío:

“Los días se suceden como vagones oxidados de un interminable mercancías. El pequeño Víctor está sentado en una roca a la orilla de la vía, y observa, triste e hipnotizado, el ocre espectáculo de ruido y monotonía. Alrededor todo es claro y vibrante, pero el camino de la mugrienta culebra está nublado; al lado, a unos pocos metros, armonioso canto de verderones... es otoño en Helsinki.”