A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, septiembre 12, 2011

La importancia de perder en casa

El resto del día, Julio, anduvo sin rumbo ni intención por el barrio de Eira. Le habían vuelto a contestar con ese vómito insustancial de excusas que al final siempre quería decir lo mismo: no había trabajo para él. Paseaba y pensaba que quería hablar con alguien y contarle lo que sentía. Ya no le valía con explicárselo a Elina, y, de hecho, Elina tampoco le escuchaba como él quería que le escucharan; no podía hablar con nadie que le prestara atención como él necesitaba, nadie que le dijera: "¿Y no quieres otro cafecito?" Y siguiera escuchando.

Después de pasar horas recorriendo Eira, se dio cuenta de que lo que le faltaba allí era lo que nunca iba a tener. Entonces decidió mandarlo todo a la mierda y volverse a Bogotá, en donde al menos tendría a quien contar sus fracasos; que serían los mismos, pero menos amargos.

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