A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

miércoles, enero 16, 2013

el tiempo, la memoria y su peso

Hay algo absolutamente aterrador en esta vida para cualquier persona que intente crear continuamente: el tiempo y su inexorable paso.

Puede ser que el éxito se presente en forma de satisfacción personal, en forma de reconocimiento, o incluso en forma de riqueza, pero querremos más. 

Cerraremos con llave todo lo hecho anteriormente para volver a enfrentarnos al mundo -ese demonio propagado que nos distrae de nuestro camino- y poder trascender. Trascender: dejar algo, como un goteo constante, que quede ahí para los ojos -o los oídos, o los dedos- del más ajeno a nosotros de todos los seres.

El tiempo pasará, y será nuestro enemigo, hasta que lo miremos a los ojos y veamos que no es más que otra víctima; en este caso de sí mismo. Pero la zozobra que nos provoca el mundo no se irá, no seremos más felices porque siguen cayéndose historias de nuestra memoria. Caen y se escapan del pensamiento ordenado; perdiendo su esencia original, volviéndose tan vulgares como nosotros. Porque el creador es siempre más vulgar que su extensión creativa. Tiene que serlo para sentir esa angustia necesaria que deja el paso del tiempo, y la pérdida de las historias en la bruma del recuerdo.

2 comentarios:

Yesmith dijo...

No lo vas a creer pero justo he estado filosofando sobre temas al respecto últimamente y hasta estoy escribiendo notas sueltas aquí y allá... obvi que no lo hago tan palabras tan bonitas como tú. Qué elocuente suena esto

HèliaRocha dijo...

Lets do carpediem then