A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

martes, febrero 19, 2013

improvisación poético-musical

Primer poema escrito para el proyecto de improvisación poético-musical que se presentará el día 16 de mayo en Arkadia.

Tema: amores sin permiso

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La ciudad, húmeda de lluvia perezosa,
oscurecía
de forma lenta y callada.

Bastó
        una sola mirada
para hacer contrabando con las nubes;
cuando las calles aún vigilaban a sus sombras,
cuando el asfalto espiraba la claridad de cada ventana;
claridad que aún sobrevivía al día pasado.

Se me ocurrió pensar que estábamos en un puzle de luciérnagas;
y cerré los ojos
y te seguí:
te seguí hasta las doce y cinco copas,
cuando, sin retraso alguno,
decidí renunciar al mundo;
para desabrochar sudores,
después de que tus primeros brazos
me pidieran el limbo
de mis besos.

Entonces te olvidaste de las miradas cómplices,
y, sin pensar en nadie más que en mí,
-mientras yo, travieso, rozaba con mis dedos tu mano-
bajaste las persianas para abdicar como esposa
y por fin ser mujer.

Y, al fin, llegamos a las manos
y al ardor;
como llegamos a los besos:
sin pedirle permiso a nadie.
Y las persianas
                        -cómplices-
nos guiñaron su luz al cerrarse
en tu habitación. 

lunes, febrero 11, 2013

Carta de agradecimiento al dolor


Estimado:

Hoy escribo sobre el vértigo a la hoja en blanco. Y, hoy, se me ocurre decir que ese vértigo existe pero que no está descrito con exactitud. El vértigo, ese trastorno tan manido en la vida y en la poesía -porque, ¿es la poesía acaso vida en sí misma? O un espejo en el que las vísceras de la vida se reflejan, y, por lo tanto: algo irreal-, es miedo a no saber qué decir, qué escribir; a no poder plasmar lo que nos revuelve las tripas; a no poder contar una historia, creíble o increíble, pero que nos satisfaga; a nos saber razonar lo que queremos decir; a que nuestra cabeza no sea capaz de rellenar esa dichosa página en blanco.

¿Sabes cómo podría comenzar a manchar de palabras esta página? Si pellizcaras mi alma hasta que me doliera y luego insistieras en que te contara con detalle el odio que sentí en ese momento por ti; me ayudarías mucho. De verdad.


viernes, febrero 08, 2013

Hagamos, de una vez, lo que hay que hacer

Hace días -meses- que la sociedad española se ha lanzado a la autoflagelación, al discurso sobre la vergüenza, el dolor del ser o el pertenecer, el negro sobre blanco más visceral posible y, en muchos casos, encomiablemente analítico. Análisis del sistema, de sus consecuencias, de la estructura social y educativa, comparativas con otros países que funcionan mejor, un volcán de consenso sobre el desastre.

El sueño de ser un país serio y honrado se ha esfumado en apenas unos meses, ¿las voces que decían que España es un país de pandereta tenían razón? La moral de los españoles es la que sufre (http://politica.elpais.com/politica/2013/02/03/actualidad/1359922552_489848.html); y sufre a todos los niveles. Nos duele España.

Se han vertido ríos de tinta, no sin razón ni seso argumental, teorizando sobre la naturaleza corrupta del español (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/03/economia/1359863094.html), o lanzando dardos de rabia justificada a diestro y siniestro, pues –como decía el anuncio institucional de los años ochenta que está claro que no caló- “hacienda somos todos”; y no sólo hacienda, el sistema, el estado somos –deberíamos ser-  todos.

¿Y quiénes son los antisistema? ¿Es antisistema el que lucha por mejorar el sistema o el que se resiste a cambiar todo lo que le permite aprovecharse de forma ilícita del mismo? No nos engañemos más: antisistema es el que se aprovecha de forma consciente de los vacíos legales en beneficio propio, el que lo trampea, el que lo usa como un medio para enriquecerse de forma ilícita, el que actúa en perjuicio del resto de ciudadanos, el que va más allá de la norma. Los antisistema son ellos:

Pero me temo que ciclón de autocrítica será útil si no lo analizamos con detenimiento. Se utiliza la primera persona del plural –e incluso no siempre- para hablar de la sociedad, pero no se va más allá. La crítica social per se, si no se profundiza y se mira al ombligo propio, puede caer en la autocomplacencia. No basta con decir que el país va mal, analizar por qué va mal y justificar los hechos con teorías varias. No basta porque eso no cambia nada. La autocrítica sólo sirve si se interioriza. Si hablamos de nosotros cuando mencionamos a la sociedad, ¿por qué no nos incluimos en ella cuando juzgamos su lado oscuro? ¿O acaso no formamos parte de esta sociedad indulgente con el que se salta las normas o las esquiva en beneficio propio? Apartemos el ellos y hagamos una digestión dura pero necesaria. Rompamos con las justificaciones y hagamos lo que hay que hacer.

Porque ellos también podemos ser todos, si alguna vez hemos hecho algo que vaya en contra del sistema. Por qué no cambiar desde uno mismo y que el cambio sea radical, que sea puro, auténtico.

Dejemos de una vez de ir a ese peluquero que nos cobra menos si no nos hace factura, pidamos al taxista el recibo del taxi, exijamos justificantes de pago de servicios al que nos pinta la casa. Si alguien trampea la realidad para recibir una subvención que no le corresponde, ¿por qué no le decimos que no estamos de acuerdo? ¿Por qué no denunciamos? Hagámoslo.

No le riamos la gracia al amiguete que nos dice que trabaja en negro porque así cobra más, ¿acaso es eso justo con el resto de ciudadanos?

No votemos –aunque sea por vergüenza social- a partidos con gente imputada en sus listas. ¿Y si no nos queda nadie a quién votar? No votemos, seamos los primeros defensores del sistema y actuemos en consecuencia.

¿Comenzamos a decir no a los auténticos antisistema?

viernes, febrero 01, 2013

Un muy buen libro de un gran amigo



Me gusta presumir de amigos, qué puedo decir, quizás sea por cultivar esa presunción de intelectualidad que se crea alrededor de los bien acompañados. Es un acto ya natural y adquirido con el tiempo; que viene del arrebato de los días en que he mirado a mi alrededor y he sentido orgullo de lo que me rodeaba. Es el querer ser agradecido con la vida, y justo con las personas que lo merecen.

Julio Srur es un amigo muy estimado por mí. Él ha vivido muchos años entre dos países tan antagónicos en lo general como Finlandia y la Argentina. Y él, tan argentino y tan amigo, es escritor. Y no es un escritor cualquiera.

Aún recuerdo la primera vez que nos atrevimos a intercambiar textos y después de leer uno de sus relatos le llamé emocionado -e intentando disimular mi admiración- para decirle que el cuento estaba muy bien, que su estilo dinámico y que la historia -tan mundana, tan surreal, tan viva, tan dramática, tan mordaz- me había dejado huella. ¿Acaso hay algo más satisfactorio en la lectura que esa luz que se enciende cuando sabes que, al leer, algo se te remueve por dentro y que eso quedará ahí en tu imaginario? Ese relato está en su primer libro: Viaje de la ilusión primaria. No os lo recomiendo, os lo exijo.

Viaje de la ilusión primaria se puede encontrar en Libros del Pasaje, Thames 1762, Buenos Aires; y en Arkadia International Bookshop,  Nervanderinkatu 11, Helsinki.

Aquí encontraréis más información sobre la obra: 
http://arkadiapublishershelsinki.blogspot.com.ar/