A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, febrero 11, 2013

Carta de agradecimiento al dolor


Estimado:

Hoy escribo sobre el vértigo a la hoja en blanco. Y, hoy, se me ocurre decir que ese vértigo existe pero que no está descrito con exactitud. El vértigo, ese trastorno tan manido en la vida y en la poesía -porque, ¿es la poesía acaso vida en sí misma? O un espejo en el que las vísceras de la vida se reflejan, y, por lo tanto: algo irreal-, es miedo a no saber qué decir, qué escribir; a no poder plasmar lo que nos revuelve las tripas; a no poder contar una historia, creíble o increíble, pero que nos satisfaga; a nos saber razonar lo que queremos decir; a que nuestra cabeza no sea capaz de rellenar esa dichosa página en blanco.

¿Sabes cómo podría comenzar a manchar de palabras esta página? Si pellizcaras mi alma hasta que me doliera y luego insistieras en que te contara con detalle el odio que sentí en ese momento por ti; me ayudarías mucho. De verdad.


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