A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

viernes, febrero 08, 2013

Hagamos, de una vez, lo que hay que hacer

Hace días -meses- que la sociedad española se ha lanzado a la autoflagelación, al discurso sobre la vergüenza, el dolor del ser o el pertenecer, el negro sobre blanco más visceral posible y, en muchos casos, encomiablemente analítico. Análisis del sistema, de sus consecuencias, de la estructura social y educativa, comparativas con otros países que funcionan mejor, un volcán de consenso sobre el desastre.

El sueño de ser un país serio y honrado se ha esfumado en apenas unos meses, ¿las voces que decían que España es un país de pandereta tenían razón? La moral de los españoles es la que sufre (http://politica.elpais.com/politica/2013/02/03/actualidad/1359922552_489848.html); y sufre a todos los niveles. Nos duele España.

Se han vertido ríos de tinta, no sin razón ni seso argumental, teorizando sobre la naturaleza corrupta del español (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/03/economia/1359863094.html), o lanzando dardos de rabia justificada a diestro y siniestro, pues –como decía el anuncio institucional de los años ochenta que está claro que no caló- “hacienda somos todos”; y no sólo hacienda, el sistema, el estado somos –deberíamos ser-  todos.

¿Y quiénes son los antisistema? ¿Es antisistema el que lucha por mejorar el sistema o el que se resiste a cambiar todo lo que le permite aprovecharse de forma ilícita del mismo? No nos engañemos más: antisistema es el que se aprovecha de forma consciente de los vacíos legales en beneficio propio, el que lo trampea, el que lo usa como un medio para enriquecerse de forma ilícita, el que actúa en perjuicio del resto de ciudadanos, el que va más allá de la norma. Los antisistema son ellos:

Pero me temo que ciclón de autocrítica será útil si no lo analizamos con detenimiento. Se utiliza la primera persona del plural –e incluso no siempre- para hablar de la sociedad, pero no se va más allá. La crítica social per se, si no se profundiza y se mira al ombligo propio, puede caer en la autocomplacencia. No basta con decir que el país va mal, analizar por qué va mal y justificar los hechos con teorías varias. No basta porque eso no cambia nada. La autocrítica sólo sirve si se interioriza. Si hablamos de nosotros cuando mencionamos a la sociedad, ¿por qué no nos incluimos en ella cuando juzgamos su lado oscuro? ¿O acaso no formamos parte de esta sociedad indulgente con el que se salta las normas o las esquiva en beneficio propio? Apartemos el ellos y hagamos una digestión dura pero necesaria. Rompamos con las justificaciones y hagamos lo que hay que hacer.

Porque ellos también podemos ser todos, si alguna vez hemos hecho algo que vaya en contra del sistema. Por qué no cambiar desde uno mismo y que el cambio sea radical, que sea puro, auténtico.

Dejemos de una vez de ir a ese peluquero que nos cobra menos si no nos hace factura, pidamos al taxista el recibo del taxi, exijamos justificantes de pago de servicios al que nos pinta la casa. Si alguien trampea la realidad para recibir una subvención que no le corresponde, ¿por qué no le decimos que no estamos de acuerdo? ¿Por qué no denunciamos? Hagámoslo.

No le riamos la gracia al amiguete que nos dice que trabaja en negro porque así cobra más, ¿acaso es eso justo con el resto de ciudadanos?

No votemos –aunque sea por vergüenza social- a partidos con gente imputada en sus listas. ¿Y si no nos queda nadie a quién votar? No votemos, seamos los primeros defensores del sistema y actuemos en consecuencia.

¿Comenzamos a decir no a los auténticos antisistema?

4 comentarios:

MGA dijo...

Con lo último de los imputados no estoy de acuerdo, alguien puede estar imputado y no ser culpable. De hecho alguien puede estar imputado por una acusación falsa malintencionada, y no se le puede prohibir que no se presente. Lo bueno sería que la justicia fuera un poco más rápida, y sobretodo más justa e independiente. Con el tono general del artículo de acuerdo y en desacuerdo. Cuando uno ve lo que hay y ve que cada uno llega hasta dónde le permiten sus influencias no quedan muchas ganas de cumplir con la legalidad. Cuando estuve de autónomo tuve que adelantar un IVA de algo que iba a cobrar 3 meses después, algo que es terriblemente injusto, y mientras tanto todo el mundo choriceando y llevándose todo lo que puede. La verdad que con las perspectivas que hay en españa ahora mismo de tener cada vez menos servicios SI O SI, y la casi seguridad de que no vamos a cobrar ninguna pensión en el futuro, no deja muchas ganas de ser legal.
Mientras que deportistas adorados por toda la población sigan evadiendo lo que les da la gana, y no haya un gobierno duro que los persiga (porque no les persiguen ni para acusarlos de dopaje), a mí no me quedan muchas ganas de ser legal. Aunque lo he ido siendo en los últimos años.
Un saludo
Manolo

Carmen dijo...

¿Sabes qué creo? creo que esa no es nuestra misión. Entiendo el buen espíritu que acompaña tus letras y estoy contigo en lo bien intencionado pero no hay que perder de vista que gracias a esa "marea negra" de trabajo no declarado está comiendo mucha gente hoy. La economía sumergida, por patético que te resulte, a día de hoy nos está salvando el cuello, o ¿crees que sería posible, teniendo el paro las cifras que tiene, mantener el bienestar social? rotundamente NO. Si no hubiera un mercado "B" nos estaríamos atracando los unos a otros, sería imposible contener la delincuencia; es la raya que marca para muchos hoy la diferencia entre vivir en la calle o no. Amén de lo dicho, si nos ponemos estrictos o técnicos, fuera de lo ético, no es la misión del ciudadano velar por los intereses de la Nación, para eso pagamos a esta caterva de lo que sea, para que ejecuten su trabajo y si no dan, que lo dudo, que contraten a más gente. La figura del inspector, deja mucho que desear en España pues la falta de profesionalidad ha sido puesta en evidencia un millar de veces cuando entran a jugar amiguismos, sobornos o cualquier corruptela. Pagamos impuestos para que nos representen personas que, se supone, que están preparados para ello; son ellos los que deben velar por la Nación, son ellos los que deben dar ejemplo, son ellos lo que debe de garantizar nuestras seguridades. Tristemente, en España, la política no es un servicio, como decía un buen amigo, sino un oficio. No hay vocación.
Que se prepare a funcionarios, que hay muchos "sin oficio pero con mucho beneficio" para ser inspectores en diferentes áreas; que se persiga y se condene el fraude, pero ojo, a cualquier nivel. Si no fuera fácil, la gente no lo haría.

David Gambarte dijo...

Manolo, lo de los imputados puede ser discutible. Pero la cuestión no es tanto la decisión del voto por un partido u otro, sino la sensación de que la sociedad no es crítica con los suyos, más allá de lo que hagan. Lo siento pero no puedo entender que alguien evada o cometa fraude. Hay mucha gente que no lo hace y si se hace, se es injusto con los que son justos. Está claro que hay muchas cosas que se tienen que mejorar, y las regulación de los trabajadores autónomos es una de ellas.

David Gambarte dijo...

Pues Carmen, yo no puedo estar más en desacuerdo contigo, incluso en lo del principio. El rechazo al fraude no se basa en tener buenas o malas intenciones, se basa en repudiar al que va en contra de los intereses del colectivo. Es, de alguna forma, egoísmo social; tiene que ir más allá del caso concreto para funcionar. Hay que repudiar lo fraudulento, para que el sistema no se hunda.
Por otra parte, la economía sumergida ha existido siempre (http://www.publico.es/dinero/379542/la-economia-sumergida-en-espana-supone-cuatro-millones-de-empleos) y sus niveles han sido muy elevados, siempre. Verla como el salvavidas de los desfavorecidos es desafortunado, porque la economía sumergida no es más que el producto del rechazo a pasar por el aro como el resto de ciudadanos, por el bien personal. El volumen de negocio relacionado con la economía sumergida se tiene que seguir produciendo sea sumergida o no, la única diferencia es que los réditos para los implicados serán menores.
Por otra parte, claro que el ciudadano tiene que velar por los intereses de la nación! Pero la nación es la sociedad -no un ente abstracto que podemos ningunear- y el ciudadano hace sociedad, y el control comienza por uno mismo. La figura del inspector dejará que desear en los casos que deje que desear, pero... quieres decir que robamos porque no nos vigilan bien? o mejor: robamos porque hay otros que roban. Si el fraude es fácil de hacer es porque es muy difícil de perseguir, y si el ciudadano cree que porque no está vigilado puede cometer fraude, la sociedad está enferma. Y eso, de hecho, abunda en mi entrada de blog: empecemos por NOSOTROS a rechazar al que engaña, a todos los niveles.