A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, noviembre 24, 2014

Poema leído en varios lugares. Se ha puesto viejo de ser usado.

La siesta se ha puesto rubia y el sol dorándola está
con su aliento ha dorado, las espigas del maizal…
Niño Rupha (Jorge Cafrune)


Ya duermen los grillos que anoche lo ocupaban todo;
llanto iluminado.
Como ese segundero que custodia mis sueños hasta la vigilia
en la que arrullo
en un lento despertar que limpia el telar de mis ojos.
Advierto esa red verde romero que nos protegió de los mosquitos
y su ventana
y nuestras sábanas fundidas con tu piel
y ese rayo de día que ya amenaza con romperlo todo.

Ahora ya cantan los gorriones y las lavanderas,
desayunamos mirando hacia donde intuimos que el mar nos espera,
y una larga sombra protege su café y nuestro pan, una sombra
que nos cobija también a nosotros, inquietos, por el deambular de las avispas.
¿Recuerdas cuando en las mañanas nos despertaba el gorgoteo del café al subir?
Tú suspiras.
A los lejos, en la Atalaya, una perdiz presume su cacareo.
¿Recuerdas aquellos días,
antes de que la casa se quedara sin ellos
y de que nuestras juventudes huyeran a esa irreconciliable Barcelona?
Ahora sólo nos queda la ternura construida entre estas paredes
y noches ahogadas en recuerdos de lo que ya no existe,
ni volverá jamás.

El encinar sestea mecido por la brisa;
duele, perseverante y altivo, un imponente sol,
arden los bancos de la plaza del Carmen;
que están solos, y herrumbrosos, y hartos:
de tantas ausencias, de tantos recuerdos.

Sant Jaume cae en siesta blanca.