A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

jueves, diciembre 11, 2014

Cosas. Fragmentos.

Estamos protegidos por las cálidas sombras del atardecer. El cabello de Marta es negro y está encrespado, pluma de mirlo rabioso; sus labios son la ruptura del silencio hecha silencio, la noche hecha noche. Mi piel llora. Sus ojos tiemblan húmedos de frío. El viento florece despacio y cientos de zorzales inquietos rompen el silencio.

Me atrevo (mareado, perdido: desbocado) a avanzar un paso hasta el lindero de nuestros alientos, y nos besamos. El beso no sabe a nada y los labios se me llenan de cenizas que amargan mi gesto. 

Intento coger su brazo y ella se aparta con brusquedad; encendida en miedo. La mirada de Marta ya no es mirada; y ya no es suya.

Luz líquida apremiante. Desenfocada.