A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

lunes, noviembre 23, 2015

Una felicitación, dos nietos, una foto.

Yo, desde aquí. Tu hijo, desde Helsinki. Un loco por la pesca que te admira, te felicita por tus 62 primaveras tan bien llevadas tan y bien traídas. 

La foto de abajo es algo que encontraste estos días removiendo papeles. Es una foto feliz. La foto de una licencia de pesca recreativa para la temporada 91-92, de cuando íbamos a Oliana a pescar y había que llamar para el sorteo de pases y luego llamar de nuevo para saber si nos había tocado o no. De cuando yo llevaba apenas un añito dándole a la pesca a mosca, de cuando coger la Nacional II a las 5 de la mañana era un placer emocionante, un café en La Panadella y una niebla que se disipaba al amanecer de un río. 

Hoy cumples sesenta y dos y que sean muchos más junto a tus dos preciosos nietos recién llegados: Valeria y Alvar. Dos maravillas que nos hacen a todos muy felices. Dos milagros que valen mucho más que cualquier regalo de cumpleaños.


¡Felicidades, Papá!

PD: queda bien patente que en mis catorce años no fui precisamente un querubín

martes, noviembre 17, 2015

Prólogo de la novela "Anotaciones a la Banana Republic" de Marcel Jaentschke

Me siento un privilegiado por haber escrito el prólogo de esta novela que será presentada el día 26 de noviembre en Helsinki. Aquí dejo el prólogo.


Prólogo de "Anotaciones a la Banana Republic"


Los hechos que componen el hilo conductor de este prólogo se remontan a una lectura ya lejana y absolutamente fascinante del diario de un personaje excelso. Contradictorio. Maravilloso. Habiendo sido Salvador Dalí gran amigo, objeto de devoción extrema y pretendido de Federico García Lorca, sostenía en un pasaje de su Diario de un genio que Lorca no fue asesinado por su condición política, sino por su condición sexual y personal. El hombre político quedaba en el arrabal del hombre Literario, porque, según Dalí, la condición literaria de Lorca dominaba al hombre por encima de cualquier otra faceta. Lorca era poeta sobre todo y sobre todos. Un poeta máximo.

Más allá de la dureza con la que se pueda juzgar esa aseveración desde un punto de vista español y republicano de la primera mitad del siglo XX, parece que no es descabellado afirmar que el genio español pretende ensalzar la figura del hombre artista por encima de su encaje político y social. Es, de alguna forma, una declaración de contradicciones en la que el genio y su sensibilidad destacan por encima de cualquier otra faceta.

Años después recibí un correo electrónico de un joven escritor y conocido, llamado Marcel Jaentschke. Había coincidido con Marcel en algunas lecturas de poesía y otros entornos de dudosa erudición (soy un convencido de que la erudición tiene que ser dudosa para ser real. El elemento intelectual tiene que estar ligado al elemento insensato y sinvergüenza que, por lo menos algunos, llevamos muy dentro), y le tenía en muy alta estima literaria. Siempre, desde el principio, me impresionó su capacidad poética. En ese correo Marcel me preguntaba si estaría dispuesto a escribir el prólogo de su primera novela y yo, en un arrebato de insensatez, le dije que sí sin haber leído ni siquiera una página de la misma. La insensatez no me llevó al error.


Anotaciones a la Banana Republic es un relato de arrebatada valentía intelectual que oscila entre la ficción y lo testimonial. El inquietante devenir de las historias que componen la novela, la historia grande que bien podría ser el espejo roto de muchas otras historias similares en Nicaragua, en Costa Rica, en la analogía anchuriana de Honduras, el desconcierto carveriano1 que el lector experimenta en muchos tramos de la obra, quedan en todo momento bajo el control del culto a la literatura y una portentosa capacidad del autor para describir el horror, la incertidumbre, el poder, la hipocresía, el sexo, la estupidez humana.

Una fotografía de la lenta descomposición de una sociedad que se sobrevive a sí misma con la resignación que muestra el personaje de El Frentón cuando le preguntan que por qué continúa vendiendo droga, cuando podría alejarse de ese oscuro negocio, y responde que está convencido de que nació para vender drogas. Todos son víctimas de un hundimiento social.

La virtud se evidencia en algunos personajes. Ésta se ve reflejada en su miedo atroz, en su conciencia plena de la caída en una especie de infierno de Lowry2. El miedo de María Victoria Flores, el miedo de Ricardo, el miedo de Álvaro Flores, donde la salvación habita lejos, en la devastadora huida.

Se trata de un texto desinhibidamente metaliterario. María Victoria Flores conversa con el padre de su amiga, Niina Hankkarainen. Conversación en la que subyace bien ponderada la figura de Carlos Martínez Rivas (Aquí sólo tienes abismo. Aquí sólo hay un punto fijo: el pábilo quieto ardiendo y el halo frío.)3, mencionado repetidamente bajo las siglas C.M.R. Conversaciones entre Ernesto y Ricardo, dos amigos de la infancia, que fue cómoda y jesuítica, que actúan como narradores de una lucidez crítica asombrosa a pesar de la desmesurada cantidad de drogas que consumen a lo largo de sus diálogos. Una lista que sería muy al gusto de Umberto Eco4. Una lista que supone una tormenta de obras que detalla el discurrir histórico de la literatura nicaragüense. Y que concluye con una acotación fantástica, obvia, irreprochable: El libro más leído en la historia de la joven república nicaragüense: La Biblia.

El autor aparece y desaparece en algunos personajes en una especie de heteronimia intermitente que deja trazas de vida. Trazas de historia. Pero acaso hay una relación de versos de María Victoria que suponen la ruptura de la máscara heterónima. Versos que de forma evidente declaran el estado de modernidad de la obra, que es polifónica por los múltiples formatos en los que se presenta, que es moderna por la narración directa y actual, que es poética por el ritmo narrativo.

Crímenes atroces, violaciones, incesto, dolor, adicciones que superan diferencias de clases. Un inventario de horrores que gira en torno al narcotráfico en Centroamérica.   El dolor es de algunos, la perversión pertenece a todos.

Todo comenzó un sábado cualquiera por la mañana en un programa de radio local en Helsinki con dos locutores y dos poetas invitados. Uno de ellos era Marcel Jaentschke. Llegó su turno y comenzó a leer un poema de su libro Dilatada República de las Luces. Entonces recordé aquel pasaje. Pensé en Lorca diciendo poesía, sudando poesía, defecando poesía. Marcel, de pie, llorando, en una habitación en llamas. Lo prosaico quedaba afuera con los que escaparon para sobrevivir.

Ahora, mientras termino estas líneas, recuerdo que hace poco se publicó una entrevista a María Rostworowksi con un jugoso (y cierto) titular: los libros siguen repitiendo las mismas tonterías que hace veinte o treinta años5.

Este no es el caso.


1         1      Referente al excelso relatista estadounidense Raymond Carver. Exponenente del realimo sucio;
2          2      Bajo el volcán (Under the volcano) de Malcolm Lowry, su novela más famosa. La única que he leído;
            3      Versos del poema de Martínez Rivas, Las vírgenes prudentes. Los versos no están presentes en la obra;
           4     Umberto Eco defiende su predilección por las listas (las enumeraciones), en su fácil y divertido libro “Confesiones de joven novelista”;
      5    http://semanaeconomica.com/article/politica/actualidad/167025-maria-rostworowski-los-libros-siguen-repitiendo-las-mismas-tonterias-que-hace-20-o-30-anos/.