A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

miércoles, diciembre 23, 2015

fragmento de algo en lo que estoy trabajando

Álvaro está jugando al fútbol con sus amigos. Todos llevan camisetas del Athletic, del Barcelona en incluso uno de ellos lleva una del Atlético de Madrid. Juegan sin porterías y sin portero, como se juega en las ciudades. Esta vez tienen que marcar gol haciendo pasar el balón por debajo de un banco del parque. Álvaro es bueno, se desenvuelve bien con el balón, tiene un regate rápido y seco y, además, está más crecido que la mayoría de los niños.
Los plataneros aún tienen as hojas verdes y fuertes a pesar de que están ya a finales de agosto. Su sombra es el refugio de verano de los niños del barrio de Arana. El sol castiga afuera del paseo, pero las señoras pasan por las aceras laterales para evitar tener que cruzar entre los chavales y su pelota de cuero.
En casa de Álvaro, Adela y José María, sus padres, descansan después de una semana de trabajo. Es sábado y aún es verano. Adela es una mujer joven y atrevida que lleva a José María a los lugares más modernos de la ciudad. Escuchan juntos a los Beatles y a la Velvet Underground, y otros elepés que compraron durante el último año. José María se levanta y pone un disco de una banda gallega llamada los suaves. Sonríe y le dice a Adela que se acerque, que ha conseguido algo que quiere compartir con ella. Ella de pie junto a él sonríe nerviosa. Él la coge de la mano y se encierran en el baño.

Álvaro acaba de marcar un gol formidable y corre a abrazarse con uno de sus compañeros improvisados de equipo. Esa tarde se le está dando de maravilla.

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