A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

miércoles, febrero 17, 2016

Manual breve de lectura del también breve El cálculo de la Soledad

Estimado lector:

Prepárate, ármate de benevolencia, para leer el libro que tienes en las manos. Me permito advertirte de que esta obra no es Borges y tampoco es bailable (gracias por tus canciones, Javier), pero no te alarmes, no es necesario que le quites demasiado tiempo a tu Balbec particular, y tampoco hace falta que tomes asiento, será (he sido) breve y, como bien sabes, leer poesía es un ejercicio de indisimulado onanismo que hay que hacer de pie y en voz alta. Si convives con el infortunio de conocerme personalmente, olvida, por un rato, todo lo que sepas de mí, yo no soy el libro y sus poemas son tan tuyos o tan ajenos a ti como lo son a mí. Lee las citas con atención, pues considero que son atinadas y excelsas (de excelsos autores). Lee el prólogo (si eres de los que se saltan prólogos no leas mi libro, por favor) y, mientras lo haces, dale, de mi parte, y de nuevo en voz alta, casi en grito, las gracias a Luis Eduardo Aute por semejante gesto. En la página diecinueve comienza lo que es el libro de poemas y justo ahí es donde espero que estés ya de pie y gritando hasta que muera la noche (por fin), para luego pasear tus labios por la minuciosidad de los encajes, mientras te preparas para darle al play para poner So long, Marianne de Leonard Cohen, que dará comienzo al poema de la página veinticinco. Léelo y espera a que termine la canción para pasar al poema de la página veintisiete, que es un no-recuerdo dulce y ciertamente pueril. Baja después por la Avenida Río Sena y grita (sí, de nuevo) de rabia el poema porque, como sabes, es tan cierto como lo son el hambre y la hipocresía sobre la tierra, luego piensa en la soledad del que grita sin esperanza bajo la nieve que cae y de lo bello que sería poder darle un beso en la mejilla a Greta Garbo. Luego, con desdén, sin remordimientos, arranca la página treinta y cinco. Hazlo, te lo suplico. Y en la treinta y siete susurra el Haikú respirando una pausa entre el segundo y el tercer verso. La página treinta y nueve se abre con la imagen de una fuente seca, con hojas que obstruyen sus desagües y con manchas de humedad que turban la mirada y hacen recordar. El siguiente poema es una noche de sábado de soledad en casa, cuando ya no hay nada allá afuera que realmente valga la pena. Después viene un Haikú afortunado y un entender la muerte, por la mañana, cuando ya se ha atravesado el desconcierto y el dolor de la noche. La página cuarenta y siete es un fragmento (¿quizás debería haber puesto todo el poema?) de un poema  que se piensa en la nostalgia de lo que no vuelve, y la cuarenta y nueve es un portazo de horror y vómito, un adiós terrible. En la página cincuenta y uno encontrarás el poema que le da nombre al libro y tal vez el único que aún no me produce demasiada vergüenza. Después viene un canto de despedida que es un pequeño homenaje que escribí cuando se fue una amiga tremenda y que he querido incluir en el libro por tener ese homenaje en algún lugar, en alguna estantería. El poema de la página cincuenta y cinco es un canto al olvido, de repente, con resaca, una mañana, para seguir con un fragmento de un viejo poema que titulé malditos y que llevo recitando, aquí y allá, varios años. Quizás fue un desatino (otro más) no incluir todo el poema. Inmediatamente después hay un descanso de página en blanco, bella, relajada, locuaz, y aparece un relato que es una suerte de crédito extra del libro. Un relato breve surrealista, que considero un pequeño tributo a Agustín Espinosa, maestro del surrealismo canario. Justo después encontrarás lo que hemos (Amparo y yo) llamado “proceso inverso” porque primero fue la ilustración y luego se escribió el texto. Al final, para concluir, hay un listado con los nombres de los mecenas que apoyaron el proyecto de publicación. Si fuiste uno de ellos, querías aparecer ahí y no te encuentras, quéjate a la editorial, quéjate amargamente si quieres, pero creo que ya, a estas alturas de la historia, poco se podrá hacer con la edición del libro que justo en ese momento estarás cerrando en su contraportada.


                                                                    Helsinki, enero de 2017